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Es cierto. He sido una perra.
Fui una perra confundida y desorientada. Fui una perra que un mal día mordió la mano que acariciaba su lomo.
Fui una perra que cayó en un charco de barro y salpicó todo a su alrededor tratando de salir, hundiéndose más a cada intento. Fui una perra que se escondió un otoño a aullar sobre los restos de lo destrozado, y no salió hasta el verano. Fui una perra que huyó de los piedrazos pensando que los merecía.
Fui una perra ciega que corrió una y otra vez de frente hacia el mismo muro, con las orejas al viento cual si estuviese en una pradera. Fui una perra perdida, sola, vaga, hambrienta.
Fui una perra que un día abrió los ojos y vio que ya no era una perra. Soy una mujer que nunca olvidará que fue una perra.
Soy una mujer que a veces ve a perras gruñéndole a cualquiera que pase llevando un pelaje como el que ella tenía. Soy una mujer que en ocasiones encuentra a su paso a personas con una piedra en la mano, buscando, como si la necesitaran, a la perra que una vez fue, sin saber que el peso en sus manos las daña más que a ella el golpe. Soy una mujer que algún día logrará creerlo.
Fui una perra que en su locura, ceguera, estupidez, mató a mordiscos aquello que amaba. Soy una mujer que nunca olvidará que fue una perra, pero que un día andará en dos pies.
Hasta que me metí en esto de los blogs. Debo decir que me provocaba su resto de curiosidad, o morbo, más bien. Todavía, un poco.
Es que el acto de desparramar el contenido de un cráneo (o peor, un pecho) en un lugar así de público, y, al parecer, con la esperanza de que otros lo lean y -¡peor!- juzguen y comenten, me parece una muestra de absoluto egotismo, o bien cándida estupidez.
Pero claro, no podía estar segura de qué se siente hasta que probara yo misma. Así que aquí estoy.
Honestamente, ojalá que nadie lo lea. Sobre todo porque ni siquiera sé sobre qué voy a escribir.
Quizá este sea mi primer y único post. O quizá use este espacio para irme desahogando de lo que veo a mi alrededor. Si es así, lectores inexistentes, esperen temas como la enajenación humana, la estupidez, la primavera, la familia, las candidaturas y sus campañas, el prohibicionismo.
Uf, que asco.
¿Ven? Ese es mi pudor. Al final todos los temas están manoseados y gastados, los resúmenes huelen a polilla, y quién quiere leer aún otra opinión que probablemente sea hasta repetida sobre las mismas idioteces y por qué debo creer que estoy aportando algo a alguien al escribirlas.
Así que aquí estoy, viendo si me aporta algo a mí. Supongo que ese es el motivo de que estas cosas funcionen, un espacio para gritar ¿no? ¿Y los diarios de vida? ¿Ya no existen? No, así publicado el asunto es más real. Lo dije y qué. Ahí está.
Sólo espero que no me lean. O por lo menos, tengan la delicadeza de no hacer comentarios. O más bien, escúpanlos sin miedo, que acá no nos andamos con remilgos.